El Baba Sali

$860,00
Calculá el costo de tu envío
Compartir

Durante su estancia en Eretz Israel, visitó Safed (Tzefat), la ciudad de los cabalistas. Allí se encontró con grandes talmide jajamim, entre ellos, el famoso Rab Shelomo Eliezer Alfandri. Ambos, el Baba Sali —de poco más de treinta años de edad— y Rab Alfandri, que ya había pasado los cien años, discurrieron sobre la Cabalá durante largo tiempo.

Durante esta visita, se revelaron los milagrosos y cabalísticos poderes de Rab Israel. Quiso rezar en la sinagoga del Arizal, pero el edificio se había cerrado por largo tiempo, y no se permitían las visitas.
Hasta entonces, cualquiera que entrara a la sinagoga encontraba la muerte. Para evitar que continuaran ocurriendo esas tragedias, se decidió cerrarla con llave, completamente. Rab Moshe Shitrit, que fue uno de los primeros shamashim de Rab Israel y que tenía unos doce años, por entonces, describió lo que sucedió cuando tuvo lugar esa visita.

«Un día, no mucho después de nuestra llegada a Jerusalem, el Rab me solicitó que llamara un taxi, así podría visitar la ciudad santa de Tzefat. Cuando llegamos, fue saludado por los rabinos líderes de la comunidad, y acompañado hasta un departamento.
Luego de descansar, me llamó y me preguntó si podía encontrar a la persona que escondía la llave del bet Hakneset. La gente de la ciudad me condujo hacia un anciano.
Cuando le solicité la llave, este se negó. Le expliqué que me enviaba el Baba Sali, pero permaneció firme en su decisión de no darme la llave.

»Fue entonces cuando el anciano me contó acerca de cuántas personas habían perdido la vida en la sinagoga. “No le daré la llave a nadie —declaró—. Sería como si estuviera tomando una vida”. Le rogué y le supliqué, y le dije que no podía regresar junto al Rab sin la llave. Al poco tiempo, consintió a regañadientes. Ambos, el Baba Sali y la llave, debían ser unidos a una cuerda, para que pudieran ser recuperados después —dijo— , seguro de que el resultado sería trágico.

»Me acompañó al bet Hakneset, y le di la llave a Rab Israel. El anciano se sentó sobre una gran roca cercana, y tembló de antemano, a la espera de la próxima tragedia. El Baba Sali me indicó que me aferrara a su ropa, y que entrara a la sinagoga junto con él. Luego de atravesar el primer conjunto de portales, entramos al patio de la sinagoga.
»El Baba Sali caminó hacia el lado derecho del patio, y luego ingresó a la sinagoga, imbuido de un profundo fervor religioso. Cuando abrió la puerta, una luz brillante iluminó su rostro, una luz que brillaba desde el interior del bet midrash. ¡A pesar de que se acercaba el crepúsculo, la brillante luz del día colmaba la habitación! Entonces, el Rab empujó hacia un lado la cortina, delante del Arca Sagrada, destrabó la puerta y abrió un sefer Torá. Durante varios minutos, leyó en él.
»Después, nos sentamos en uno de los bancos de la sinagoga. Rab Israel se volvió hacia mí, y me dijo: “Ahora puedes soltarte de mis ropas”. Rezamos Minjá y luego partimos. Cuando traspasamos los portales, el anciano corrió hacia el Baba Sali, y lo abrazó y lo besó, mudo de alegría.
»Esta visita se convirtió en la comidilla de la ciudad, y miles acudieron al bet Hakneset del Ari Hakadosh zt”l, después de que el Baba Sali abriera las puertas».